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domingo, 27 de abril de 2014

La VIDEOTECA de Manolo Calvo (IV). Incendio por un rayo en el Cristo del Valle. 1986.


Seguro estoy que muchos de nuestros vecinos, especialmente los de mediana edad en adelante, recordarán el episodio más tenso y angustioso que se haya vivido en el Cristo del Valle. Me refiero al incendio que se produjo en la ermita del Cristo del Valle, ocasionado por un rayo durante una tormenta, en mayo de 1986.
 Fue un suceso ocurrido en una época sin teléfonos móviles, pero que aún así, se corrió la voz por el pueblo de manera casi instantánea, a pesar de los 15km que separan la ermita con Tembleque.  Apenas quedan referencias escritas de lo sucedido, por no decir que este asunto jamás salió en la prensa de la época. Yo al menos no he encontrado nada en las hemerotecas.

Desde que nuestro vecino Manolo Calvo me comentó que aún guardaba en su videoteca particular un documento gráfico inédito, con imágenes en vídeo de los desperfectos de la ermita, grabados tan sólo un día después del siniestro, he intentado informarme lo más fielmente posible de cómo ocurrió todo, a base de preguntar a muchos de nuestros vecinos, de los cuales incluso he grabado algunos sus testimonios.
 No tengo ningún documento oficial de lo sucedido, sólo las declaraciones de lo que recuerdan los vecinos que lo vivieron. Antes del relato, os invito a ver el formidable vídeo que Manolo Calvo grabó al día siguiente del incendio, ya con más calma, mientras aún se estaban evaluando los desperfectos. Un documento gráfico excepcional. Observadlo con atención, y después prosigo intentando explicar lo sucedido, que no es fácil...
Resumiendo, parece ser que poco después de la Romería de mayo de 1986, (no puedo concretar el día exacto) se formó una tormenta seca, por la tarde (sobre las 15 ó 16h) que ocasionó que un rayo cayera en la zona, entrando por la mismísima cúpula de la ermita, que quedó completamente calcinada, y originó un incendio en su interior, aparte de una gran humareda que dejó ennegrecidas todas las paredes.
 ¿Cómo sería, visualmente hablando, la caída del rayo? Pues aunque no tenemos referencias gráficas del momento exacto (que yo sepa), para la elaboración de este reportaje he contado con la ayuda de nuestro vecino Eduard Boanta, experto en temas de efectos especiales generados por ordenador, y tras explicarle lo que quería, ha recreado a partir de una fotografía de la ermita, una perfecta simulación de cómo pudo ser. Insisto, se trata de un montaje, pero resulta igualmente impactante. Muchas gracias por la colaboración, Eduard!
Casualmente, un pastor de Mora, llamado Segundo, se encontraba en el cerro de enfrente, y fue quien bajó rápidamente, junto al Santero de entonces, Paco, que en esos momentos volvía de los servicios (WC) que estaban instalados antiguamente en la zona del aparcamiento, y que vio con sus propios ojos caer el rayo, con el gran estruendo. Rápidamente corrió hacia la vivienda anexa a la ermita, pues sabía que su mujer y alguno de sus hijos estaban en el interior. Todos sanos y salvos, afortunadamente. De hecho, la mujer había sentido el rayo, pero no sabía que en realidad había caído ahí mismo, en la misma cúpula.
Entre el pastor y el Santero protagonizaron el episodio más famoso de esta historia, que fue cuando tuvieron que sacar rápidamente la Imagen del Cristo al exterior de la ermita, para que no le afectaran las llamas. De hecho, muchos consideran un milagro que una sola persona, el pastor, aunque eso sí, ayudado por el Santero, lograran sacar la Imagen entre ellos dos solos, pues esa es una tarea que normalmente deben hacer entre bastantes más personas, dado el peso y la forma como está sujeta la Imagen. Sea como fuere, sacaron fuerzas de flaquezas y lograron sacar al Cristo al exterior, no sólo de la ermita, sino fuera del perímetro del recinto, para evitar cualquier tipo de problema.

Paralelamente, en esos momentos algunos vecinos se encontraban en el bar de Cipri, La Majada, que por aquel entonces se estaba aún construyendo, como Míchel, el albañil, que se encontraba precisamente trabajando en el tejado del bar . Vieron la tormenta desde ahí, y a los pocos minutos observaron que Paco, el Santero, acudía en bicicleta rápidamente al bar, a pedir auxilio. Para más inri, resulta que la bicicleta se le pinchó en el trayecto. Rápidamente, dadas las circunstancias, se dio la voz de alarma. En ese instante, Cipri (padre) salió inmediatamente con la única furgoneta que disponían en el bar, hacia Tembleque, a dar aviso, pues aún no había teléfono en el bar de La Majada, y la ermita continuaba ardiendo... Fue en Tembleque cuando Cipri avisó, en primer lugar al Presidente de la Hermandad del Cristo del Valle, Manuel Oliveros, que a su vez, le pidió que fuera inmediatamente al Cuartel de la Guardia Civil de Tembleque.
A partir de ahí se corrió la voz por las calles del pueblo como la pólvora... Incluso tocaron las campanas para avisar a todos los vecinos. Una tradición esta última, que yo diría que fue la última vez que se llevó a cabo. No sabría concretar el tiempo transcurrido desde que cayó el rayo, hasta que se personaron a ayudar los primeros vecinos, antes incluso que los propios bomberos, que venían de Toledo, pues no había por aquel entonces parque en Villacañas.
Nuestros tres protagonistas, que habíamos dejado en el bar de La Majada, Míchel, Cipri (hijo) y el Santero (con su bicicleta pinchada), al no tener ningún vehículo, acudieron a la ermita campo a través.  El Santero gritaba: "¡Albañiles no, bomberos!!!" El caso es que al final acudió todo el mundo: albañiles, bomberos, vecinos, etc...
A la llegada de los bomberos, tuvieron muchos problemas para alcanzar con el agua la cúpula. Se tuvo que traer una bomba de extracción de agua y conectarla al pozo, hasta que por fin se fue apagando poco a poco, si bien hubo algún bombero que casi salió intoxicado por el humo. Incluso al día siguiente continuaron refrescando la zona, hasta que todo quedó más o menos controlado.
No podremos decir que todo quedó en un susto, porque en realidad, aparte de la pintura, hubo que cambiar toda la linterna de plomo de la cúpula por completo, con unas obras que se alargaron durante todo el verano,y que costaron alrededor de 4 millones y medio de las antiguas pesetas. (Unos 27000€). (Foto de la izquierda, en plenas obras).
 Esta historia soy plenamente consciente de que podrá tendrá muchas incorrecciones o interpretaciones en su redacción, ya que mi única fuente han sido las declaraciones de varios vecinos, y hay que tener en cuenta que ya han pasado 28 años de lo sucedido.
El relato más valioso que conservamos, es el que nos cuentan el propio Santero, Paco, junto con el Presidente de la Hermandad del Cristo del Valle, Manuel Oliveros, justo al año del siniestro. Lo grabó Francisco Moraleda (véase este artículo sobre él) , con la videocámara que tenía por aquella época, y en dicho testimonio se explica que fueron unos turistas de Mora los que dieron la voz de alarma, (pudiera ser que irónicamente se refiriesen al pastor Segundo, que era de Mora) y también cómo sacaron la Imagen del Cristo al exterior, algo que resulta más o menos como os he dejado escrito en el artículo. Escuchadlo con atención. Es un testimonio histórico. Lamentablemente, ninguno de sus protagonistas está ya con nosotros.
Continuando con los testimonios, uno muy reciente que yo mismo grabé hace pocas semanas, a Juana María, la hija de Paco, el Santero. Ella justo en ese momento se encontraba en Tembleque, cuando se enteró a la vez que el resto de los vecinos del pueblo, ya que tocaron las campanas de la Iglesia, por el incendio, como os he comentado anteriormente. El caso es que ella acudió con el taxi de Poli, y lo que básicamente nos relata es lo que sus padres le contaron de todo lo sucedido:
También contamos con el testimonio de nuestro vecino Míchel, el albañil, que como os he contado anteriormente, él sí estaba muy cerca de la ermita, pues estaba trabajando en el bar de La Majada. Además, el día de la grabación de este relato, nos fuimos directamente a dicho bar, donde coincidimos con Cipri padre y Cipri hijo (Cipriano, vaya...). Así pues, será un valiosísimo testimonio el de estas tres personas, las más cercanas al siniestro en el momento de producirse, aportando todo lo que recuerdan de aquella fatídica jornada.
Os pido disculpas anticipadas por el audio, sobre todo en los primeros minutos, ya que justo ese día hacía viento, y el micrófono de la cámara recogió el molesto sonido que se origina. Aún así, prácticamente se entiende todo bien. Incluso después de esta particular entrevista a tres bandas, Míchel y yo nos desplazamos en su coche a la misma ermita, y durante el trayecto continuó comentándome más curiosidades que iba recordando sobre el incendio. Todo eso ya se escucha en el vídeo perfectamente. Muchísimas gracias por vuestra aportación, Míchel y Cipri!

Antes de despedirme, quisiera dejar claro que este artículo en el blog se queda abierto a posibles modificaciones o nuevos testimonios que puedan surgir, a raíz de su publicación.
Quisiera dar las gracias nuevamente a Manolo Calvo, ya que gracias a que en su día tuvo el acierto de grabar y conservar este excelente documento, es ahora cuando estoy seguro que muchos se están informando por primera vez de este oscuro capítulo en la legendaria historia del Cristo del Valle en Tembleque. También a todo el pueblo de Tembleque en general, que tal y como se comenta en los testimonios, ayudó muchísimo, económicamente, a las obras de restauración. Incluso se hicieron festivales de Teatro para recaudar dinero.

 Gracias a todos los que han aportado parte de su tiempo a la elaboración de este reportaje, aparte de Manolo Calvo, a Cipri (padre e hijo), Juana María y Míchel. A Emilio Moraleda, que me facilitó los testimonios de 1987, a Eduard Boanta, por su pequeña obra de arte en forma de efectos especiales, y también a Pepe Seguido, por las gestiones necesarias para algo que de momento no ha podido ser, y tantos otros vecinos a los que estuve preguntando por este episodio, aunque no llegara a grabar sus testimonios: Pedro, Lola Oliveros, Ángel López, Miguel "Caracol", y seguro que me dejo a otros tantos en el tintero... Muchas gracias a todos!


Me consta que hubo muchos vecinos que estuvieron realizando fotografías incluso el mismo día del siniestro, así como los días posteriores. Sería de agradecer, si ven este artículo, que compartieran las imágenes para complementar toda esta información. Desconozco quien pudo realizar dichas fotografías, por más que he preguntado.
Por mi parte, continúo intentando averiguar, dentro de mis escasas posibilidades, cualquier dato nuevo que se pueda conseguir, no ya sólo sobre este incendio, sino sobre cualquier apunte relacionado con la historia del Cristo del Valle. Estoy igualmente en contacto permanente con el Secretario de la Hermandad, por si surgiera algún dato nuevo que pudiera ser publicado.
Y de momento esto es todo. Espero que este reportaje haya sido de vuestro interés. El próximo correspondiente a la Videoteca de Manolo Calvo, será mucho más ameno, pues, continuando con el Cristo del Valle, os mostraré un excelente vídeo de la Romería de mayo de 1985, donde volveremos a reconocernos prácticamente todos los vecinos, casi 30 años más tarde...

jueves, 16 de junio de 2011

La construcción de la Presa de Finisterre.

En este nuevo reportaje os voy a mostrar unas imágenes de la construcción de la presa de Finisterre, por gentileza de Cipri, del bar "La Majada", junto a la misma presa; ¿quien mejor?. Aún conserva estas 4 fotografías fechadas en julio de 1976. En el blog VDT pusimos este reportaje con muchísimos datos sobre esta obra, así como algún esquema de la presa y una descripción muy completa del Río Algodor, el que abastece este pantano.

En la primera fotografía, arriba a la izquierda, se aprecia perfectamente toda la zona. Al ampliarla veréis un túnel redondo, que no es otra cosa que una gran tubería con una ligera curva a la derecha que atraviesa completamente toda la presa. En plena construcción esa tubería era el paso obligado para acceder al otro lado, ya fuera en bicicleta o con una "cady" (mobilette), como me comentaba un fiel seguidor del blog, para ir a pescar al charco "de las estacas", que se encontraba aproximadamente a unos 200 metros hacia dentro de lo que ahora es el embalse.
La fotografía de arriba a la derecha corresponde a una máquina tolva gigante, que se encargaba de repartir capas y capas de tierra que luego se reagaba para compactarla.
La presa está hecha de esta tierra compactada y empedrada por la parte del agua.
En esta otra fotografía de la izquierda se ve perfectamente el rebosadero del pantano, y en la última fotografía correspondiente a las obras de 1976, a la derecha, se ve la base de la presa. Los juncos que se aprecian en la parte inferior pertenecen al río Algodor. Está tomada desde el actual rebosadero.



Pasamos a un par de fotografías cedidas por la Familia Toribio. La primera está tomada del lado del pantano donde ahora está el agua. Era aproximadamente el año 1982; aún no llegaba el agua a las piedras. Pasaron varios años hasta que se empezó a llenar. En la imagen familiar aparece Feliciano con uno de sus hijos y sus dos nietas. Tras ellos el seat 127 de la familia.
Y la última fotografía, cuyos protagonistas vuelven a ser Feliciano y su hijo Santiago, está tomada en 1975, en el río Algodor a su paso por el antiguo molino, antes de iniciarse las obras de la presa. Exactamente donde el río cruza con el carreterín que todos tomamos para ir a la Ermita del Cristo. El molino de agua se encontraba en el lado izquierdo, según vamos hacia la Ermita.
Más a la izquierda había un pequeño puente casi derruído sólo para las personas. Ahora ya tan sólo se conserva parte de sus laterales, visibles tras la última limpieza del cauce; podéis ver alguna fotografía en este artículo. Del molino hace bastante tiempo que no queda absolutamente nada.
Durante las obras de la presa fallecieron dos trabajadores, uno de ellos un joven de no más de 25 años. Un pantano no exento de polémicas, pues son muchos los que consideran que fue una obra inútil, y que sólo contribuyó al deterioro de la zona del Valle, con las alamedas (que eran un auténtico vergel según me han comentado) como grandes perjudicadas. En el anterior reportaje que os enlazo en VDT aparece alguna noticia por parte de grupos ecologistas pidiendo su eliminación para intentar recuperar la zona. Mi generación no ha conocido este lugar antes de la presa. Agradecería que nuestros lectores más veteranos nos describiesen lo mejor posible cómo era. Aquellas romerías de antaño, para que no caigan en el olvido de las futuras generaciones.
En este artículo sobre el estado del pantano hay varios comentarios dando a entender que el motivo del deterioro del valle de Tembleque fue precisamente la construcción de esta presa.
También me gustaría editar este reportaje para añadir un interesante artículo publicado en la web de acuademia, en 2018, titulado "El embalse de Finisterre, crónica de un fiasco anunciado".
Es una transcripción literal de dicho artículo, al cual también se puede acceder en pdf desde este enlace de Google Drive.

El embalse de Finisterre, crónica de un fiasco anunciado

www.abc.es
Nunca el embalse de Finisterre, desde que fue inaugurado allá por el año 1977, se ha visto lleno de agua hasta el máximo de su capacidad. Las precipitaciones caídas en la zona donde se ubica, más bien escasas, y la marcada estacionalidad del río que lo atraviesa, el Algodor, sólo han …
(Noticia «Embalse de Finisterre: entre la demolición y la pervivencia»; ABC, 13/5/2018)

La cosa comenzó en una reunión…

Aquella mañana de finales de 1982 se celebraba una reunión en Toledo, en el despacho del Consejero de Política Territorial de Castilla-La Mancha, Amando García. El tema que se trataba era el embalse de Finisterre; se intentaba discernir por qué no recogía agua, cuando a partir del mismo se pensaba abastecer a la mitad de la provincia de Toledo. Se habían proyectado y construido siete ramales de conducciones partiendo del embalse, como las varillas de un abanico, que llegaban hasta Ocaña y Noblejas al norte, Madridejos y Consuegra al sur, Quintanar de la Orden al levante, y Mora de Toledo y Sonseca al poniente. Total más de 400 km de conducciones de gran diámetro, proyectadas para una población multiplicada por tres y un consumo unitario de agua también multiplicado por tres. El generoso proyecto multiplicaba por nueve las necesidades de abastecimiento de una región cuya población, hasta entonces, decrecía.

A la reunión, junto con el Consejero, asistía un ingeniero veterano de la Confederación del Tajo, Calvín, de tez gris verdosa, que era profesor de la Escuela de Caminos; otro ingeniero joven de la Confederación con oficina en Toledo, José Manuel Rodríguez, que pronto se iría al IRYDA; el ingeniero de la Diputación Provincial, Antonio Gómez Crespí, de exuberante personalidad y actividad en diversos campos técnicos, políticos y galantes; otro ingeniero del Servicio Geológico de Obras Públicas; y otros altos cargos de la Consejería, que no abrieron la boca al estar presente su jefe, el Consejero.

En el embalse de Finisterre se habían puesto grandes esperanzas para resolver ─de forma «definitiva»─ los endémicos problemas de abastecimiento de la mitad oriental de la provincia de Toledo. Cerca de 30 poblaciones se habían agrupado en una primera etapa formando la Mancomunidad de Abastecimiento del Algodor, con sede en Villacañas, la población más activa del conjunto. El proyecto del abanico de conducciones se había realizado por una ingeniería de prestigio. Se podía ver el tendido de las grandes conducciones a lo largo de las principales carreteras de la zona. El embalse, constituido por un «cerro» de materiales sueltos de 47 m de altura, terminado hacia 1977, tenía una capacidad máxima de 133 hm³ (el de mayor capacidad de la provincia de Toledo). En una de las laderas de la cerrada se construyó un depósito regulador al que se elevaba el agua y del que partía el abanico de conducciones. Se pensaba construir una ETAP para el tratamiento del agua en cabecera, antes de su distribución.

Al poco de comenzar la reunión, una secretaría reservadamente dio una razón al Conejero. Se levantó y fue a saludar, franqueándole el paso, a Manuel Diaz-Marta, veterano ingeniero regresado del exilio a España al principio de la democracia, diputado por el PSOE en las primeras elecciones al Congreso.

Después de los saludos de rigor, entramos en materia. Díaz-Marta, mirando a los ingenieros presentes, comentó ─con algo de acritud─ que cómo era posible que se hubiese hecho ese proyecto sin valorar previamente las aportaciones esperadas en el lugar del embalse. Los jóvenes, por boca del de la Diputación, expusieron que en la fecha del proyecto estaban estudiando en la Escuela de Caminos. Calvín, en su doble condición de ingeniero veterano y profesor de la Escuela, dando unos rodeos dialécticos, expresó que quizá se hubiese sobredimensionado el proyecto. Juan Manuel Rodríguez manifestó que en el proyecto las aportaciones se estimaban a partir de una sola fórmula; que él había aplicado posteriormente una serie de fórmulas que vienen en los libros de hidrología sobre la aportación que debería tener el embalse de Finisterre, y que le salían resultados dispares.

El del Servicio Geológico dijo que mejor que las fórmulas era hacer un reconocimiento de campo, viendo la cuenca y sus condiciones hidrológicas y geomorfológicas; después sería bueno llevar a cabo un modelo de simulación, ajustado con los datos reales disponibles, cosa que no se había hecho en el proyecto del embalse, y que podría dar luz sobre las aportaciones esperables en el futuro. A partir de ese punto, se podrían programar las actuaciones complementarias. Propuesta que fue aprobada sin oposición. A Díaz-Marta le pareció bien y dijo que eso se debería haber hecho antes.

…y siguió con una visita de campo…

A principios de enero de 1983 España sufrió una ola de frío siberiano. Los termómetros descendieron por debajo de 10 grados centígrados. Inmediatamente después de Reyes, los tres jóvenes ingenieros, bien abrigados y acompañados por los ingenieros técnicos Fernando Ruiz, de la Diputación (que decía que le encantaban estas visitas) y Emilio Cabrera, del Servicio Geológico, experto conocedor del campo y sus circunstancias, quedaron como punto de reunión en una cafetería de carretera cerca de Toledo. La tradición no escrita era que el último en llegar pagaba el desayuno. Desde ese lugar partió la comitiva de coches oficiales.

La cuenca del Algodor vertiente al embalse de Finisterre tenía una extensión reducida, unos 750 km². Al parecer, no había un solo pluviómetro en su territorio; los datos del más próximo, el de Toledo, no eran muy halagüeños, proporcionando una media de precipitaciones inferior a los 400 litros por metro cuadrado.

En los años habidos de funcionamiento del embalse, el agua no había alcanzado el desagüe de fondo, lugar que enseguida se utilizó irónicamente como cota de referencia. Tardaría todavía algún año en alcanzar dicha cota superando el llamado «embalse muerto»; hubo que instalar un pontón flotante para sacar por bombeo algún volumen de agua del embalse.

Al recorrer la margen izquierda de la cuenca, por una carretera que bordeaba un relieve montañoso, no muy destacado, de pizarras y cuarcitas fundamentalmente, se observó que a lo largo de muchos kilómetros no existía un solo pontón que evacuase las posibles escorrentías de la ladera bajo la carretera. Es decir, las escorrentías por ese lado eran muy escasas o nulas.

En cabecera de la cuenca se pudieron observar unas grandes balsas llenas de agua y con su superficie helada. El ingeniero de la Confederación dijo: «pues de presas de retenida y grandes balsas no se tenía conocimiento en la Confederación; habrá que mirar la foto aérea». Otro en plan filosófico hamletiano le contestó: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que conoce la Confederación». Y dicho esto, los asistentes pasaron a practicar el deporte de arrojar piedras planas rasantes sobre la capa helada, que rebotando producían sonidos de aves canoras. A cada sonido venían a decir: «¡La alondra!, ¡la calandria!», y así sucesivamente.

Restablecido el orden y la marcha, al pasar por un puente sobre el Algodor, situado aguas arriba del embalse, echaron pie a tierra, observando el hilo de agua del río y comentando la posible edad del puente, pues no tenía en sus tajamares marcas del paso del agua.

… encontrándose con un pastor y su rebaño.

En esto se aproximó un pastor que, con su rebaño, transitaba por el interior del cauce y se disponía a atravesar uno de los ojos del puente. «Ésta es la nuestra», dijo uno de los del Servicio Geológico y cogiendo el paquete de cigarrillos se fue a platicar con el pastor. Después de los protocolarios saludos y la observación del estado de ovejas y corderos con los comentarios correspondientes, pasaron a la cuestión. Preguntado el pastor acerca de si iba por ese camino con frecuencia, dijo hacer el mismo camino (por el cauce del río) todos los días. Que el puente era de la época de Primo de Rivera. Que había visto el río con bastante agua dos veces en su vida: en 1947 y cuando estaban haciendo la presa (década de los 70) que una crecida se llevó por delante la maquinaria de construcción. Que el agua se la quedaban los de las balsas de arriba para regar sus fincas y llegaba muy poca ─cuando llegaba─ al embalse. Que cerca del río había multitud de pozos excavados que «sangraban» al río para regar las pequeñas parcelas. Que no sabía cómo los ingenieros habían hecho una presa tan grande cuando no había agua. Total, un informe hidrológico completo, sin necesidad de algoritmos, fórmulas o ecuaciones, fotos aéreas, inventario de aprovechamientos, modelos fenomenológicos o conceptuales, análisis de sensibilidad y demás parafernalia. Alguien exclamó: «¡Ah, si los proyectistas en lugar de gastar tantas horas en sus zahurdas visitasen más el campo!».

Habiendo dejado listo el asunto para sentencia y viendo que se hacía tarde para el condumio, la caravana de coches oficiales tomó el camino de Los Yébenes, tierra de rehalas, donde dieron cuenta de unos platos de caza bien maridados. Después de una larga sobremesa con licores y habanos, al darse cuenta de que la noche se echaba encima amenazando nevada, dislocaron la reunión y volvieron a sus respectivos lugares de origen.

Datos del embalse de Finsiterre (del Inventario de Presas y Embalses):

Superficie de la cuenca hidrográfica752 km²
Precipitación media416 mm/año
Capacidad a Máximo Nivel Normal133 hm³
Superficie a Máximo Nivel Normal1297 ha

La cuenca del Finisterre no es «una cuenca de agua».

Ese fue el resultado de un modelo precipitación-escorrentía, cuyos parámetros se ajustaron para reproducir las aportaciones en el lugar del embalse y sobre todo los abundantes «ceros» de la serie disponible. Los resultados eran que «de vez en cuando» se presentaba un año lluvioso que podía aportar al embalse del orden de 40-50 hm³, seguido de bastantes años con aportaciones irrelevantes o incluso nulas. Como es natural, a las autoridades político-administrativas no les gustó este resultado y procuraron olvidarlo.

Pero la situación de desabastecimiento en numerosas poblaciones era perentoria, por lo que había que actuar sin retardo. El Servicio Geológico planteó una campaña de ejecución de pozos que, en su mayor parte fue financiada por la Diputación provincial, ya que ni la Confederación ni la DGOH estaban por la labor, absorbidos por la magnificencia del Trasvase Tajo-Segura, que había comenzado su explotación hacía poco tiempo y que absorbía sus complacencias.

Se perforaron pozos en Ocaña, Noblejas y Villarrubia de Santiago, en el aluvial del Tajo; en la estación de Tembleque, con el que se llenó el ramal Tembleque-Quintanar, conducción que por sus grandes dimensiones servía, a la vez, de depósito regulador; se hicieron perforaciones en Villacañas, Villa de don Fadrique, Quintanar de la Orden, Madridejos, Consuegra, Sonseca y otros lugares que se han olvidado. Gracias a estas actuaciones, muchas poblaciones de la Mancomunidad del Algodor pudieron superar el periodo de sequía en espera de una solución nuevamente «definitiva».

La solución actual se debe a Manuel Diaz-Marta, que logró convencer a los responsables que había que aprovechar las infraestructuras de abastecimiento trasladando la toma al río Tajo («donde había agua» , según solía repetir) y construyendo una ETAP en Noblejas, municipio de su gran colaborador el alcalde Agustín Jiménez. Ahora la Mancomunidad del Algodor incluye 45 municipios con una población total de unos 170 000 habitantes y una deuda de unos 35 millones de euros. Se abastece desde el embalse de Almoguera, aunque sus fuentes de suministro, conducciones de transporte y poblaciones incluidas en la Mancomunidad han ido aumentando con el tiempo.

El embalse de Finisterre ha quedado a modo de «pirámide faraónica». Revivió en 2013, pues se quería utilizar para almacenar el agua del Tajo en periodos de caudales abundantes y soltarlos para los riegos de Talavera en épocas de sequías. El objetivo de estos trajines era el de incrementar los trasvases al Segura desde el ATS, ahorrándose las sueltas de Bolarque con destino a los riegos de Talavera de la Reina. El problema surgió cuando se cayó en la cuenta que las inversiones de ese proyecto (bastante caro) tendrían que amortizarlo lo beneficiarios del Trasvase. No se ha vuelto a hablar del tema… por ahora…