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martes, 14 de enero de 2025

El Dr. Enrique García de Ancos, Hijo Adoptivo de Tembleque en 1917.

Nueva cita con la historia de nuestro pueblo, en este caso, a modo de homenaje póstumo, para presentaros al que creo que ha sido el único Hijo Adoptivo que ha tenido Tembleque de manera oficial, Don Enrique García de Ancos, en el año 1917.
Don Enrique García de Ancos
, fue médico titular de Tembleque, entre los años 1879 y 1887.
 Natural de Madrid, nacido el 30 de marzo de 1855, y falleció en Bilbao el 22 de diciembre de 1928según esta fuente y las esquelas de los periódicos de la época, donde comprobamos que era viudo de Dña Dolores Mantilla de los Ríos, y tuvo dos hijos, Ignacio y Mª Dolores. También tenía dos hermanas, Jesusa y Carmen.
Sus abuelos, eran naturales de la vecina localidad de Ocaña.
Este ilustre personaje, en menos de una década que fue el tiempo que estuvo en nuestro pueblo, sin duda alguna dejó profunda huella marcada en el vecindario de Tembleque, no sólo por su trato afable con todos los vecinos y sus conocimientos médicos, sino también, entre otros muchos aspectos, por su profunda carrera profesional, plagada de importantes títulos en el ámbito médico y científico, como se explica en el acta oficial donde se le nombró Hijo Adoptivo de Tembleque, que compartiremos de manera íntegra en este reportaje.
El Dr. Enrique García de Ancos, facultado por Medicina y Cirujía en la Universidad de Madrid, en 1879, aceptó Tembleque como su primer destino para ejercer su carrera profesional, donde fue nombrado Médico Titular Interino el 5 de septiembre de 1880
Apenas un par de años más tarde, en 1882, cooperó en la fundación de un colegio de 2ª Enseñanza, domiciliado en nuestro pueblo, del que fue director, además de impartir las asignaturas de Historia de España y Universal, Francés, Aritmética y Álgebra.
Sin duda alguna, su etapa más intensa en nuestro pueblo, fue durante el verano de 1885, donde Tembleque sufrió los estragos de la epidemia del cólera (véase este artículo del blog). Don Enrique, junto con su otro compañero médico, Don Burgundofero García Ortiz (que en 1892 optaría a una plaza de médico en la Protectora de Mora y ya antes, en 1876 había escrito un trabajo titulado "Influencia de los climas sobre el calor animal"), asistió a cientos de vecinos, tanto de Tembleque como de otros pueblos de alrededor, en aquellos días de terror. Llegaron ambos a realizar hasta 200 visitas diarias, algo que le pasó factura también en la salud, aunque sin embargo, fue el único médico titular de Tembleque que no se contagió por aquel cólera. En 1886, recibió una recompensa honorífica por los servicios prestados durante la epidemia colérica, así como por las acertadas y posteriores medidas sanitarias que ofreció para futuras epidemias. 
En 1887, por razones de salud, y muy a su pesar, tuvo que renunciar a su plaza en Tembleque para desplazarse a Mocejón, donde estuvo ejerciendo durante un año.
En 1888, se le adjudicó, con el número 1 de los opositores, su plaza en el Hospital de Bilbao, (foto adjunta, cortesía del historiador José García Cano), donde culminaría su carrera profesional, escalando puestos y recibiendo numerosos títulos y cargos, que están reflejados en el acta de nombramiento de Hijo Adoptivo de Tembleque en 1917. 
De hecho, sería un año más tarde de este nombramiento, cuando jugaría también un papel fundamental en la epidemia de la Gripe Española, en 1918, aunque en este caso, todos sus servicios los hizo en Bilbao, donde aparte de seguir ejerciendo, también dio varias conferencias y escribió otros tantos artículos científicos.
En su estancia en Bilbao, prestó especial anterior a la mortalidad infantil y publicó un trabajo monográfico sobre el tema. Sucedió a Gorostiza como decano del Cuerpo Médico Municipal en 1916 y dirigió el Cuerpo Médico Municipal durante la pandemia gripal del año 1918. Fue miembro de la comisión organizadora de la Academia de Ciencias Médicas y autor de varias obras de divulgación.
Además, según se lee en este otro artículo dedicado al deporte en Bilbao, se hace referencia a su trabajo en la divulgación sobre las ventajas de las prácticas deportivas de masa:
  Enrique García de Ancos se estableció en Bilbao cuando contaba 33 años. era médico de puertas del Hospital de Atxuri, obtubo la plaza el 1 de septiembre de 1888. En 1890 tuvo una plaza de Médico Inspector de Escuelas y Cadáveres. El 23 de enero de 1890. Fue médico de Higiene Especial y participó en conferencias en el Club Deportivo de Bilbao, que tenían como objeto explicar las ventajas y virtudes de la práctica deportiva en aquellos inicios de la práctica deportiva de masas. 
Una última nota de prensa de su estancia en Bilbao, antes de continuar con su acta de nombramiento de Hijo Adoptivo en Tembleque. Para ello, os invito a leer el artículo titulado: "Polémica entre el Filósofo Guiard y el médico Doctor García de Ancos, sobre la voluntad humana". donde nos explican el rifi-rafe que tuvieron ambos personajes por estar en desacuerdo, durante una conferencia del filósofo, en 1889, que se trasladó durante varias semanas a la prensa local. 
Os dejo una captura de imagen del artículo completo, al cual podéis acceder desde este enlace, dentro del blog de https://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/.
En 1903 escribió un libro sobre la mortalidad infantil, titulado: "Algunas consideraciones sobre la mortalidad infantil : memoria presentada al XIV Congreso Internacional de Medicina".
Ya en 1919, tras la epidemia de la Gripe Española, y siendo ya Hijo Adoptivo de Tembleque, escribió otro libro recopilatorio titulado "Conferencias y artículos. Por el Doctor Enrique García de Ancos".
Tras consultar con varias librerías de viejo en Bilbao, así como la biblioteca Nacional, la de Tembleque y la de Castilla-La Macha, me explicaron que existen únicamente dos copias de dicho libro (que tiene 415 páginas); una está en la biblioteca de Bonn, y otra en la Biblioteca de Deusto, en Bilbao, aunque en ambos casos están sin digitalizar y no son ejemplares prestables, tal y como me informaron desde Bilbao. Adjunto foto de la portada del libro.
No obstante, no cesé en mi empeño, y pude contactar con el Museo Vasco de Historia de la Medicina, de Bilbao, donde su administradora y responsable, Begoña Madarieta, y el médico del Ayuntamiento de Bilbao, Juan Gondra, me atendieron vía telefónica muy amablemente y estuvimos compartiendo información sobre el doctor Enrique García de Ancos, ya que, casualidades de la vida, precisamente Begoña estaba preparando una tesis doctoral sobre las médicos de Bilbao, y le era de gran interés saber más aspectos sobre Enrique García de Ancos. Ella misma guarda un ejemplar físico de su libro "Conferencias y artículos" junto con otro libro del mismo autor, y como muestra, me envió algunas páginas digitalizadas, que compartiré en este artículo, además de su propia tesis doctoral, titulada "La salud escolar. Génesis y evolución de la Inspección médica escolar en Bilbao y biografías de los jefes médicos (1919-1982)". Además, Begoña presentó su tesis en julio de 2023, con la nota más alta, sobresaliente cumlaudem. Se puede acceder y descargar su tesis desde este enlace de la Fundación Dialnet,
Por su parte, el doctor e historiador Juan Gondra, también muy interesado en saber algo más sobre Enrique García de Ancos, me comentó que hace unos años, incluso visitó a propósito nuestro pueblo, Tembleque, sabiendo que el Dr. García de Ancos había estado allí ejerciendo a finales del siglo XIX. Ellos desconocían que años después, fue nombrado Hijo Adoptivo de Tembleque, por lo que el intercambio de información fue muy gratificante tanto para ellos como para un servidor, todo en beneficio de saber algo más sobre la historia de esta importante persona.
Aquí os dejo, en formato pdf, un extracto de las primeras páginas y el índice del libro "Conferencias y artículos", del Dr. Enrique García de Ancos, facilitado por Begoña Madarieta:
Ahora que hemos conocido más sobre la vida y obra de Don Enrique García de Ancos, entramos de lleno a su nombramiento como Hijo Adoptivo de Tembleque
Tras 30 años fuera de nuestro pueblo, Don Enrique volvió a Tembleque unos días durante el verano de 1917, y pudo reencontrarse con sus vecinos y amigos. Tanto caló esa agradable visita, que el alcalde de Tembleque en aquella época, Don José Rincón Molina, propuso al resto de concejales: Víctor Ariza Caro, Dionisio Lillo Osuna, Lorenzo Chozas Muñoz, Manuel Muñoz Álvarez, Jerónimo Vizcaíno Ocaña, Luis Bautista Matilla, Fausto Lozano Álamo, Hermenegildo García Rabadán, Marto Muñoz Valera y Samuel Molina Sierra, nombrarle Hijo Adoptivo, y para ello, convocó una sesión extraordinaria, con fecha 22 de noviembre de 1917, donde se expuso ampliamente los motivos por los que debería ser nombrado digno de tan alto reconocimiento. Dice textualmente así:

En la Villa de Tembleque a veinte y dos de Noviembre de mil novecientos diez y siete.
 A las once de la mañana y bajo la Presidencia del Sr Alcalde D. José Rincón y Molina, se reunieron en el salón de sesiones de la Casa Consistorial los Sres. expresados al margen, con asistencia de mí, el secretario, para celebrar la sesión extraordinaria para hoy convocada. 
Diose lectura a la papeleta de convocatoria, en la que se consigna que el objeto de la sesión, era dar cuenta de una visita dedicada a este vecindario, por el médico Titular que fue de esta villa, D. Enrique García de Ancos, y en ella acordar lo que proceda que rebela grandes afecciones a cita población.
 Acto continuo, el Sr. Presidente declaró abierta la sesión y dijo:

 Tengo la satisfacción de comunicarles que en los últimos días de septiembre, hemos tenido en esta población a Don Enrique García de Ancos, médico que fue de esta villa en los años 1879 al 1887. En la actualidad desempeña en la invicta villa de Bilbao, entre otros, los cargos de Inspector Municipal de la tercera sección Jefe de la Inspección escolar, Médico civil propietario de la Comisión Mixta de Reclutamiento, Contador del Colegio Médico provincial y Director del Boletín de Estadística de aquella población, es, decano del Cuerpo Médico Municipal y Jefe del mismo, que es el más alto empleo que en la esfera municipal cabe alcanzar, pues lleva consigo la dirección de todos los asuntos sanitarios del municipio. 
Difícil sería, referirles, el afecto que con su peculiar afabilidad demostró para todos, al honrar mi casa, visitándome en concepto oficial y saludando por mi conducto, a la Corporación Municipal como representante de su vecindario, del que conserva gratísimos recuerdos, por las muchas consideraciones y deferencias de que fue objeto en los años que convivió entre nosotros ejerciendo su profesión y que su reconocida modestia juzga excesivas. Hoy, después de treinta años de ausencia ha tenido una verdadera satisfacción al venir de exprofeso a saludarnos, ofreciéndose incondicionalmente en lo que pueda ser útil al vecindario en general.
 Al acompañarle, en su corta permanencia entre nosotros, observé la cariñosa acogida que todos le han dispensado, por lo que creí conveniente, correspondiendo a las espontáneas y recíprocas manifestaciones de afecto, convocarles a la sesión extraordinaria y comunicarles con mayor solemnidad el saludo, que por conducto de la Corporación Municipal dirige al vecindario. 
Alguno de vosotros Señores Concejales por vuestra edad pudierais mejor que yo, hacer exactas referencias del concepto profesional que mereció de este vecindario y de las cualidades personales que siempre han adornado a Don Enrique García de Ancos; pues yo, joven aún en la época de su convivencia en la población, someramente podré reflejar los motivos que le hicieron acreedor del aprecio de todos. 
A Don Enrique García de Ancos, facultado en 1879 por la Universidad de Madrid, para ejercitar la Medicina y Cirugía, se le ofreció campo donde poder desarrollar su vida profesional y ansioso de practicar la carrera que con tanto lucimiento había ultimado, aceptó la venida a este pueblo a ejercerla libremente, muy pronto, reveló sus aptitudes científicas y excelente dotes de caballero que le crearon ambiente muy favorable, y en 15 de junio de 1880 por renuncia de D. José Alonso Rodríguez, la Junta Municipal, presidida por Don Agustín de Torres Sánchez, por unanimidad, le nombró Médico Titular interino de este Municipio, y previa la tramitación legal, en cinco de septiembre del mismo año, la misma Junta, y también por unanimidad le otorgó nombramiento en propiedad de la Titular que interinamente desempeñaba.
 En septiembre del año 1882, familiarizado aún con los estudios de la juventud y entusiasta por la difusión de la cultura, cooperó con otros señores a la fundación de un colegio de 2ª enseñanza, domiciliado en esta población del que fue director y encargado de la explicación de las asignaturas, Historia de España y Universal, Francés, Aritmética y Álgebra. Colegio que obtuvo lucida matrícula de este y otros pueblos inmediatos, y como incorporado al Instituto de nuestra Imperial ciudad de Toledo, una Comisión del Claustro de profesores de este, se personaba en el colegio para examinar a los alumnos que obtuvieron brillantísimas calificaciones.
 Las infinitas significaciones de probidad del Sr García de Ancos, las coronó con sus extraordinarios servicios en el año 1885, que la epidemia colérica invadió con efectos fulminantes la población, produciendo con sus fatales consecuencia días de terror en el vecindario; más que nunca, por circunstancias tan tristes se demandaba por todos el auxilio de la medicina, y Don Enrique García de Ancos, desechando todo peligro, jamás claudicó en el cumplimiento de su deber y con la abnegación propia de un hombre entregado a la ciencia y de nobles sentimientos humanitarios, no vaciló un momento en hacer todas las asistencias que le fueron solicitadas, llegando a ser tantas que dada la irregular topografía de la población, le faltaba tiempo material para su recorrido, trabajo tan excesivo que resintió sus fuerzas físicas hasta ser necesario proveerle de un vehículo y conductor permanentes, para que a la vez de producirle algún reposo, le sirviera de medio más rápido para atender a los coléricos
Encomiando su infatigable constancia en todas las necesidades de la epidemia colérica el Ayuntamiento presidido por D. Manuel Ramírez, en 21 de julio de 1886, acordó proponer al Gobierno de S. M, concediera a D. Enrique García de Ancos, alguna recompensa honorífica por sus relevantes servicios, no sólo en tiempo de la epidemia, sino después, por las acertadas medidas sanitarias que propuso a este Ayuntamiento en evitación de nuevas propagaciones
El B.O del Ministerio de Gobernación de 10 de febrero de 1887, se concedió por el Iltmo. Sr Director General de Beneficencia y Sanidad, ingreso en la Orden Civil de Beneficencia con la Cruz de segunda clase al Médico Titular de Tembleque D. Enrique García de Ancos
En 21 de julio del mismo año, razones de salud, le obligaron a renunciar su titular, y con gran sentimiento de todos, marchó a desempeñar la del pueblo de esta provincia Mocejón de la Sagra, hasta que en 1888, se le adjudicó con el número uno de los opositores, la plaza de Médico del Hospital Civil de Bilbao. En 1891 fue Médico de la Higiene Especial de la invicta Villa antes citada y de Distrito de la Capital hasta 1902, que ascendió a Inspector de Salubridad y Jefe del Cuerpo Médico municipal. Es Doctor en Medicina y Cirugía, fue delegado y representante oficial del Excmo. Ayuntamiento de Bilbao, en el Congreso Médico Internacional celebrado en Madrid en 1903, donde presentó memorias y trabajos que se hicieron constar en sus actas, es autor de publicaciones con informe oficial emitido por la Real Academia de Medicina de Valladolid y nombrado Académico correspondiente; ha sido vocal de un Jurado nombrado por el Excmo. Ayuntamiento de Bilbao para informes de proyectos de esterilización y ozonización de las aguas potables, vocal de la Comisión redactora de las actuales ordenanzas municipales de Bilbao y del proyecto de Mancomunidad de Ayuntamientos de la provincia, ha sido Subdelegado del Distrito del Ensanche de la Capital; vocal tres veces, dos de ellas de Real Orden de la Junta provincial de Vizcaya y comisión permanente, perteneciendo en la actualidad, con derecho por este motivo a honores de Jefe Superior de Administración Civil. 
Concediéndosele por B.O de 12 de julio de 1913, por cuenta de la Cruz que ostentaba de Beneficencia por la de Epidemias con distintivos morado y negro
Por lo que antecede habréis observado Señores Concejales, que el Doctor García de Ancos que tan alta personalidad ha llegado a alcanzar, nació a su vida profesional en esta Villa, prestó en ella eminentes servicios, y de ella conserva tales afecciones que hacen que este pueblo constituya para él, el de su segunda naturaleza, nunca pues más indicada que en este caso, la declaración de hijo adoptivo de esta población que os propongo hagáis, seguros de que el honrar con ella a tan eminente médico, interpretaremos vivamente el sentimiento unánime de este pueblo que se honra en adoptarle, pues nunca se eleva más el nivel moral de un pueblo que cuando reconoce y se enorgullece con los méritos de sus hijos ilustres, e hijo ilustre de este pueblo podemos y debemos considerar al Doctor Don Enrique García de Ancos.
Oído lo manifestado por la Presidencia y Contemporáneos del Sr García de Ancos en su estancia en la población hicieron uso de la palabra los Concejales Sres. Lillo, Muñoz-Valera, Vizcaíno, Ariza y García Norro. 
Todos en sus referencias, elogiaron altamente su personalidad y el Ayuntamiento en pleno, corroborando las manifestaciones de la Presidencia, hace suya la proposición y acuerda por unanimidad en atención a sus grandes méritos declarar hijo adoptivo de esta Villa a D. Enrique García de Ancos, y que por la Alcaldía se le otorgue su correspondiente nombramiento y se le facilite certificación de la presente acta. 
El Sr. Alcalde declaró su satisfacción por el acto que realizaba el Ayuntamiento, con el que ponía de relieve su cultura y los gratos recuerdos de una persona que en una época de su vida se esforzó en bien de este vecindario.

Este nombramiento, tuvo su correspondiente respuesta desde Bilbao, por parte de Don Enrique, y también quedó reflejada en el acta de la sesión plenaria con fecha 3 de abril de 1918. En esa ocasión, el alcalde accidental era Don Dionisio Lillo Osuna, y los concejales: Juan José Toribio Mora, Fausto Lozano Álamo, Gerónimo Vizcaíno Ocaña, Federico Mercado Pérez y Hermenegildo García Rabadán. Con las siguientes palabras, Don Enrique agradeció su nombramiento a la Corporación y todo el pueblo de Tembleque, recordando algunos de los momentos vividos en nuestro pueblo, con especial atención a la mencionada epidemia del Cólera de 1885:

Hondamente conmovido por la honrosa distinción que se ha dignado otorgarme ese ilustre Ayuntamiento de su digna Presidencia, confiriéndome el título de hijo adoptivo de esta Villa, correspondiendo así con exquisita cortesía al verdadero afecto que les profeso, tomo la pluma para dirigir a la Corporación Municipal por intermedio de su Presidente, mi más respetuoso y rendido homenaje de gratitud, sin encontrar, a la verdad, palabras adecuadas para verificarlo de una manera digna por revelar acto tan delicado y simpático como el que motiva esta comunicación, un alto ejemplo de verdadero civismo y de elevadas dotes de inteligencia y nobleza de sentimiento poco comunes desgraciadamente en España, cuyos pueblos, aún los más señalados por su cultura suelen olvidar casi siempre, cuando no menospreciar, los buenos servicios y las pruebas de cariño y de abnegado trabajo que les dieran sus funcionarios o servidores en épocas aciagas o difíciles para el vecindario.= 
Ante todo he de hacer constar que recibo este nombramiento y lo estimo cual merece, y quisiera poderme hacer digno de tan preciado honor, por su significación singular y extraordinaria, siendo como es a mi juicio producto de la benevolencia de un noble pueblo, más que de la verdadera justicia, pues, aunque entusiastas y numerosos, y no exentos de peligro, no fueron sin embargo mis esfuerzos y servicios de antaño, tan relevantes como el premio que ahora con excesiva largueza me conceden al recordarlos.= Valga no obstante como último y complementaria justificación de esta recompensa, mi expresivo saludo hecho personalmente el pasado verano, con una visita realizada como tributo de acendrada simpatía y gratitud al mismo. 
Nada hay ciertamente, que enlace y aúne mejor los corazones de un vecindario, que la tribulación y la adversidad, y no hubo época para ese pueblo, en muchos años más luctuosa, que aquel verano de 1885 de triste recuerdo, en el que todos los vecinos rivalizaron en abnegación y espíritu de sacrificio por servir y atender al procomún, poniendo a mi disposición a todas horas como único médico de los titulares que se conservó indemne de la epidemia, cuantos medios estuvieron a su alcance para socorrer pronta y eficazmente a la población invadida que perdió, asistida por el que suscribe, más de 150 habitantes en el espacio de poco más de un mes, sembrando el pánico esta mortandad entre todos los vecinos.
En aquellos días los que no huyeron de Tembleque, que los hubo que volvieron la espalda al peligro, olvidando así todos los deberes de ciudadanía, confraternizaron más estrechamente, afrontándolos, y esos vecinos decididos, que permanecieron unidos y lucharon firmes, crearon sin darse cuenta esos lazos, en los que tuve gran parte, de más íntima e inolvidable amistad, que en un principio no se estiman bastante tal vez porque no se perciben ni sienten con claridad sus manifestaciones hasta que para el tiempo y algún acontecimiento nuevo o especial los renueva, reviviendo entonces más potentes como reviven los recuerdos de las campañas contadas entre antiguos camaradas al conmemorar tristes o felices aniversarios, o en los alegres momentos del banquete iniciado para festejar fechas memorables, apretándose entonces más y más entre los comensales aquel vínculo de perdurable cariño. 
Así considero yo ahora después de este inmerecido nombramiento, más vivo el afecto a tanto antiguo y malogrado amigo que yace ya en tierra vencido por las cruentas luchas de la vida, a las que en este solemne instante debo dedicar con efusión un entrañable y triste recuerdo, y a tantos otros que aún viven por fortuna y que siguen luchando y esforzándose para hacer prosperar a ese bueno y querido pueblo, grande y rico en los tiempos de Cervantes, a cuyos supervivientes de 1885 dedico desde aquí también ahora un sentido y cariñoso saludo, lleno de la más viva emoción.
 Deseo pues, que conste en acta estos sentimientos míos con que de un modo mezquino y pobre puedo responder a la noble y generosa acción grabada en el acuerdo por el que se me confirió tan señalado honor, haciendo así mismo constar que si ese pueblo no me vio nacer en su recinto, es la tierra de mis mayores, pues de Ocaña eran mis abuelos y ascendientes por la línea paterna.= 
Esperando se dignará V. (usted) dar cuenta a la Corporación que preside de este escrito de gracias, cúmpleme ahora y siempre ponerme a disposición de la misma con filial complacencia, y para todo aquello que pueda considerarme útil.= Dios guarde a usted muchos años.=
 Bilbao, 4 de marzo de 1918.= Dr. Enrique García de Ancos. 

El Ayuntamiento quedó enterado por unanimidad del contenido de la misma y acordó así mismo se le dé cuenta por oficio al interesado Sr. García de Ancos.

Comparto a continuación algunos recortes de prensa y esquelas, facilitadas por Begoña Madarieta, extraída de la prensa de la época, como el Noticiario bilbaino o la Gaceta del Norte.
He comenzado este reportaje destacando que el Dr. Enrique García de Ancos había sido el único Hijo Adoptivo que ha tenido Tembleque, aunque esto tampoco es del todo cierto.
En realidad, hubo otro Hijo Adoptivo en Tembleque, aunque no lo considero por méritos que hizo en nuestro pueblo, sino más bien por mandato desde el Gobierno Central. Me explico:
El 27 de enero de 1926, fue nombrado Hijo Adoptivo de Tembleque al Excmo. D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, según se puede leer textualmente:
"El objeto de la sesión era tratar referente al nombramiento de Hijo Adoptivo de esta Villa al Excemo. Sr. D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, según deseos del Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia.
Acto seguido fue leída una moción del Sr. Alcalde, en la que manifiesta: que entiende medio apropiado, para satisfacer la deuda de gratitud que este pueblo como todos, tienen contraída con el Excmo. General D. Miguel Primo de Rivera, que con patriotismo insuperable, viene desarrollando desde el Gobierno una labor tan fructífera y acertada, que no tardará mucho tiempo en ocupar nuestra querida patria merced a ella, el puesto de honor en el concierto del mundo que le corresponde por sus condiciones y su historia. El nombramiento de tan invicto Caudillo de hijo adoptivo y predilecto de esta Villa de Tembleque.
El Ayuntamiento por unanimidad, hallando fielmente interpretados sus deseos en la proposición del Sr. Alcalde, acordó aprobarlo y congratularse de un acuerdo tan honroso y de justicia, como así mismo que se libre certificación para su remisión al Excemo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia, quien a su vez, hará llegar a manos de su Excelencia."
27 de enero de 1926.
Acta original del 27 de enero de 1926, en el archivo antiguo del Ayuntamiento de Tembleque.
He querido dejar también esta última reseña, aunque creo que nada tiene que ver un nombramiento con el otro, ya que en el caso de Miguel Primo de Rivera, estuvo condicionado por los deseos del Gobernador Civil, algo que seguramente fue extensible a numerosos pueblos de España, y en el caso de Enrique García de Ancos, sí que fue por méritos propios ganados a pulso durante su estancia y labor desempañada en Tembleque, como he explicado en todo el reportaje.
Para finalizar, adjunto en formato pdf, las actas escaneadas de los libros originales del Ayuntamiento de Tembleque, que forma ya parte de nuestra historia local, así como su trascripción literal. Todo ello con acceso desde este enlace de Google Drive, con opción de descarga:

martes, 21 de abril de 2020

Epidemia del cólera de 1885 en Tembleque. Crónica y datos de prensa de la época y de las actas municipales.

PRIMERA PARTE:
 Información de la prensa de la época y crónica personal de José Antonio Fraguas.
Nuestro buen amigo e historiador, José Antonio Fraguas Díaz, que durante estos días de cuarentena nos va obsequiando regularmente, a los lectores del blog, con relatos variados sobre la historia de Tembleque, bajo el epígrafe de "Historias para pasar un estado de alarma" (y que una vez finalice esta pandemia actual del Coronavirus, recopilaré todos esos relatos), nos ofrece hoy uno muy concreto, que por la temática tan actual, he decidido publicarlo como un artículo más del blog, a fecha de hoy, pues en este caso, José Antonio ha recopilado toda la información que ha podido obtener de las hemerotecas, para enseñarnos de una forma muy didáctica y amena, que tanto en Tembleque, como en Villacañas o El Romeral, (aparte de toda la zona este de España) la epidemia del cólera de 1885 también hizo estragos.

Incluyo en este artículo uno de los muchos recortes de prensa, "La Unión", 25-8-1885, donde destaco los datos de Toledo y Tembleque, así como un mapa de España con las zonas más afectadas, extraído de este artículo.
Os dejo sin más dilación, con su introducción y reportaje, escrito a fecha 21 de abril de 2020:
HISTORIAS PARA PASAR UN ESTADO DE ALARMA
Parece, según los datos que se ofrecen, que muy lentamente la pandemia del coronavirus va retrocediendo.
 Los casos en Tembleque en función de su amplía población de la tercera edad que es uno de los mayores factores de riesgo, podemos decir que han sido escasos aunque haya que contar entre estos algunos decesos. Pero no sólo es esta epidemia la que ha sufrido Tembleque. Alguna otra ha dejado su rastro en la historia.

Sucinta historia del cólera de 1885 en Tembleque.
Hablando con mi padre en estos días en que estamos en las casas sin salir por el estado de alarma, salió la conversación del “año del cólera” que contaban los viejos que se juntaban al lado de la antigua báscula municipal de Tembleque. Estos viejos a los que se refiere mi padre habían conocido en su adolescencia o juventud aquel drama que se vivió recordando, entre otros datos que ya se le han olvidado a mi padre,  la incesante procesión de fallecidos por el cólera hacia el antiguo cementerio situado junto a la ermita del Loreto. Es el cólera del año de 1885, un drama que se vivió en España y del que Tembleque no quedó exento. Reconozco que me asaltó la curiosidad y en esta Semana Santa me puse a investigar.
En el citado año, en primavera, con foco inicial en Valencia, se desató en España una epidemia de cólera morbo asiático que afectó a gran parte de la España peninsular. Según los datos consultados, esta pandemia se notó especialmente en las provincias de la mitad Este. Para que nos hagamos una idea: tomamos Madrid, como punto central y de arriba abajo trazamos una línea recta, pues todas las provincias que quedarían a su derecha sufrieron fuertemente el azote de la enfermedad. La parte Oeste, con sus excepciones claro está, quedó bastante más libre de este mal.
Con respecto a la provincia de Toledo podemos hacer un esquema similar. La zona de La Mancha fue bastante más azotada que la parte occidental de la provincia, la zona de las tierras de Talavera de la Reina.
Dentro de la zona manchega hay tres pueblos que son significativos en donde se cebó el cólera: Villacañas, El Romeral y Tembleque. Es cierto que en las informaciones periodísticas salen otros muchos pueblos manchegos: La Guardia, Lillo, La Puebla de don Fadrique (actual  La Villa de Don Fadrique), La Puebla de Almoradiel, Miguel Esteban, Quintanar de la Orden, Corral de Almaguer, Quero… pero los datos, en proporción a su número de habitantes, no eran tan duros en muertos y en infectados como los tres pueblos mencionados en primer lugar.
Las informaciones pormenorizadas sobre víctimas del cólera se empezaron a publicar a primeros de agosto. Concretamente, es 03/08/1885 cuando se ofrecen los primeros datos de Tembleque arrojando un resultado de 6 infectados y 4 fallecidos.  Los periódicos estuvieron dando datos día a día durante ese mes hasta que a partir de septiembre las noticias empezaron a darse por provincias y no pueblo a pueblo como en el mes precedente. Desconozco la razón de ello aunque me temo que una de ellas sería no alarmar a la población ofreciendo datos pueblo por pueblo.
Sólo en Tembleque, un pueblo de poco más de 3400 habitantes en aquel año, en agosto de 1885 los periódicos dan cuenta de 350 infectados y 91 fallecidos por el cólera. Cifra que, como veremos después, fue casi el doble. Hay que tener en cuenta que los datos de los periódicos no se refieren al día inmediato anterior a la publicación del mismo, sería, al menos, con dos o más días de retraso (la inmediatez con la que hoy en día se trabaja era impensable en 1885). Así, los diarios del día 24, día de San Bartolomé, fiesta de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, publican que en Tembleque hubo 8 muertos y 24 infectados. Otros días nos cuentan que son 6, 4, 7, 3, 6, 5, 8,… los fallecidos hasta completar la fatídica cifra. A ello hay que unir los casos de los infectados (invadidos se les llamaba en aquella época) con cifras que también son dramáticas. Días de 30 infectados, otros de 26, otros de 23, 11, 21, 12, 17 y así un día tras otro.
Ante estos datos, amigo lector, le sugiero que piense sobre los métodos de higiene que había en aquel año no sólo en Tembleque sino el cualquier punto de la geografía. El temor entre la población sería atroz, Sirva un dato que aparece en el periódico La Correspondencia de España de fecha 01/09/1885 sobre un hecho ocurrido en La Guardia. Dice así: “En el pueblo de La Guardia (Toledo) está ocurriendo lo que acaso en ninguna otra población, debido a la arbitrariedad de sus autoridades, que sin otra ley que su capricho proceden inhumanamente.  Hace pocos días falleció uno de sus vecinos, y sin otra razón que la de haber estado en el inmediato pueblo del Romeral, invadido del cólera, en el acto de expirar fue trasladada su señora, delicada, sexagenaria y en mal estado de salud, con sus hijos, al campo, donde falleció al día siguiente. Al propio tiempo fueron expulsados de la población 25 o 30 individuos por el delito de haber visitado al enfermo.Si nos fijamos bien en el texto de la noticia no dice que el fallecido hubiera muerto de cólera sino que por haber estado en El Romeral y, al poco de regresar, morir, era causa suficiente para que se tomaran esas medidas tan, tan dramáticas. Estamos hablando de un caso muy radical pero que indica el pavor que debía haber en los pueblos ante esta ingente cantidad de muertos. Por suerte, no hemos encontrado datos sobre hechos similares acaecidos en Tembleque.
Finalmente, en octubre se dio por finalizada esta pesadilla. El mismo periódico, La Correspondencia de España, en su edición del martes 27/10/1885 informaba de lo acaecido en Tembleque en las fechas precedentes: En Tembleque (Toledo) se ha celebrado el domingo último una solemnísima función religiosa a Jesús Nazareno, en acción de gracias por la terminación de la epidemia. El lunes 19 se celebró un grandioso funeral por el eterno descanso de las víctimas, que allí han ascendido a 170. A ambas funciones ha asistido una numerosa y escogida orquesta de voces e instrumentos de esta corte (Madrid), bajo la dirección del reputado profesor de música del colegio de Escuelas Pías de San Fernando D. Mariano Lozano; y ha predicado el elocuentísimo orador sagrado D. José Moya, canónigo de la Santa Iglesia catedral de Toledo.
Si en este año de 2020 no hemos celebrado en las calles la Semana Santa ni vamos a celebrar la romería del Cristo del Valle, pensemos que en 1885, los temblequeños no tuvieron ni fiestas patronales ni la romería del Cristo del Valle de septiembre, pasando aquellos meses de zozobra con muchas más dificultades y bastante menos medios que los que ahora tenemos.

SEGUNDA PARTE: (aún en edición)
 Datos obtenidos de las actas de defunciones y las actas de sesiones plenarias del Ayuntamiento de Tembleque.

Un año después de la publicación de este reportaje, lo edito para añadir más información, extraída de las actas municipales de 1885, tanto de defunciones como de las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Tembleque.

Y es que al principio de aquel fatídico verano de 1885, ya se palpaba el miedo entre el vecindario. Luego comprobaremos que fue finalmente el mes de agosto, con muchísima diferencia del resto de meses del verano, el que resultó realmente terrorífico en nuestro pueblo, pero sigamos el orden cronológico con la información de las actas de sesiones plenarias del Ayuntamiento de Tembleque:

Con fecha 24-6-1885:
 se constituía la Corporación con la Junta de Sanidad, a fin de adoptar medidas y precauciones para evitar la invasión de la epidemia colérica.
También había temor a que las aguas estancadas de la laguna de la Vega, (algo que ya se vivió en la anterior epidemia de tercianas en Tembleque), pudieran ayudar a propagar enfermedades epidémicas. Por ello, se pretendió directamente desecar la laguna, que se había formado nuevamente, tras abundantes lluvias. Tal y como se dice en este extracto del acta municipal con fecha 8-7-1885:
...que se adopten los medios de desecar la laguna, que por las aguas fluviales se ha formado en la Vega, por ser las miasmas que de ellas se desprenden altamente perjudiciales a la salud pública y causa quizá del desarrollo de cualquiera enfermedad epidémica...
El caso es que no se tenía muy claro el método a utilizar, para poder desecar por completo una laguna, y visto que debían solicitar un presupuesto extraordinario, por ser una obra muy costosa, por parte del Ayuntamiento se explicó:
 ...sintiéndolo mucho, no pueden por ahora, tomar determinación en asunto de tanta importancia por las razones anteriormente expuestas, y la de tener que atender a cubrir los gastos que lleva consigo la adopción de medidas preservativas, para evitar sea infectado este pueblo de la enfermedad colérica y hacer la presente si por desgracia se presentara, no creyendo oportuno gravar con mayores impuestos a este vecindario, dada la escasa cosecha que va ha recolectarse, amenazada de ser nula por la plaga de langosta de que está invadido este término...
Poco después, el 15-7-1885, el miedo volvía al vecindario, por ver el cólera ya muy cerca de Tembleque, al informarse del fallecimiento de una vecina de El Romeral, según se relataba en el acta correspondiente:
Se dio cuenta del oficio del Sr. Alcalde del Romeral, fecha 12-7-1885, manifestando haber fallecido en dicho pueblo una mujer de un cólico con síntomas sospechosos. Que lo dice para que se adopten las medidas convenientes.
Con fecha 22-7-1885, aparte de clausurar los establecimientos de la enseñanza, si se considera conveniente esta medida a la salud pública, observamos que el temor sigue en Tembleque, y fueron varios los vecinos que por primera vez, solicitaron la creación de un nuevo cementerio, que a la postre sería el actual cementerio de San Isidro, inaugurado en 1889. Cito textualmente:
...solicitan varios vecinos, que se construya un nuevo cementerio, en atención a encontrarse el que existe en malas condiciones, por la proximidad a la población (recordamos que dicho cementerio antiguo estaba situado junto a la ermita del Loreto), y que las miasmas (Efluvio maligno que, según se creía , desprendían cuerpos enfermos, materias corruptas o aguas estancadas) que han de desprenderse de la descomposición cadavérica, necesariamente han de ser perjudiciales a la salud, por lo que debe procurarse su clausura... 
El cólera ya estaba haciendo estragos en Tembleque, y así continuó durante todo el verano. De hecho, en agosto hubo tantas muertes, (134), y se deduce que otros cientos o más de enfermos, que quizás por por ese o por algún otro motivo, durante dicho mes no hay referencia en las actas de las sesiones plenarias, pasando directamente a seguir escribiendo al respecto ya en el mes de septiembre.
Se recibieron varias subvenciones de 500 ó 1000 pesetas por parte del Gobierno: 2-9-1885:
...manifiesta haberse consignado a este pueblo 500 pesetas por el Ministerio de Gobernación para atender a las necesidades de la epidemia y que se autorice persona que las recoja... o dos semanas después, el 16-9-1885: Se acordó autorizar al Regidor de este Ayuntamiento, D. Miguel Ruano para que perciba de los fondos municipales la cantidad de mil pesetas concedidas a este pueblo para atender a los gastos de la epidemia colérica...
 Sería ya a finales de septiembre de ese mismo año 1885, cuando se dio por finalizada la epidemia, con la Misa anteriormente descrita en el artículo, pero de la que profundizaré un poco más, al trascribir el acta municipal con fecha 21-9-1885:

En la Villa de Tembleque a veintiuno de septiembre de 1885: Se reunieron en la Sala Capitular los Señores de su Ayuntamiento y Vocales de la Junta local de Sanidad de la misma, cuyos nombres al margen se expresan, en sesión extraordinaria y pública a que habían sido convocados, bajo la presidencia del Sr. Alcalde S. Manuel Ramírez y Peña, con asistencia del Sr D. Cándido García de los Huertos, Cura Párroco Rector de esta Iglesia, a quien se le había pasado atenta invitación, asociados de mí su Secretario, por quien se hizo lectura de la anterior y fue aprobada. El Sr Presidente manifestó que el objeto de esta sesión, de que ya tenían conocimiento, era para conferenciar y acordar el día en que debe cantarse el Te-Deum, una vez que según informes de los facultativos, afortunadamente ha terminado la epidemia colérica en esta población. En virtud, enterados los Señores concurrentes, y habiendo conferenciado acerca del particular, por unanimidad acordaron, de conformidad con dicho Sr. Cura Párroco, que en el día de mañana y hora de las nueve de la misma, se celebre función religiosa en esta Iglesia, compuesta de Misa cantada, plática que pronunciará citado Sr. Cura y solemne Te-Deum, en acción de gracias por haber el Todopoderoso ejercitado un acto más de su divina Misericordia haciendo desaparecer de este pueblo tan terrible azote. Que se haga saber al vecindario por medio de bando, y ponga en conocimiento del Ilmo. Sr Gobernador Civil de esta provincia para su conocimiento y por si tiene a bien hacerlo público en el boletín oficial de esta provincia; con lo cual se dio por terminado el acto, extendiéndose la presente que firman los expresados Señores, de que yo el Secretario certifico. =

Estas Misas eran muy habituales en todos los pueblos por donde iba desapareciendo el cólera, y Tembleque no iba a ser menos.
Ese mismo día, aunque saldría reflejada en acta posterior, apenas dos días después, el 23-9-1885, sería uno de los médicos de Tembleque, Don Burgundofero García Ortiz, quien haría una exposición de los servicios prestados durante toda la epidemia colérica en Tembleque.
Transcripción literal:

… Se dio cuenta de la exposición que con fecha 21 del actual dirige al Sr. Alcalde el médico Cirujano Titular de esta Villa D. Burgundofero García Ortiz en solicitud de que se le expida certificación en que se enumeren los servicios que ha prestado a este vecindario y corporación durante la permanencia del Cólera morbo asiático en esta localidad. En su consecuencia, hecha lectura de referida exposición, enterados sus mercedes por unanimidad: acceder a la pretensión del recurrente y que se libre la certificación pretendida en los términos siguientes: Que esta corporación ha visto con grande satisfacción la habilidad e inteligencia con que el Médico Cirujano Titular de esta Villa D. Burgundofero García Ortiz ha prestado los auxilios de la ciencia a los enfermos que constituyen su clientela ordinaria mientras ha existido en esta población el Cólera morbo asiático; que como servicios extraordinarios dignos de la mayor gratitud se ofreció a asistir y ha asistido a los enfermos del hospital de coléricos, quienes en su totalidad no eran vecinos de este pueblo: que también ha prestado sus servicios incondicionalmente a todos los vecinos sin distinción de clases, que, careciendo de facultativos, han reclamado su asistencia: que en lo más fuerte de la epidemia ha sustituido por dos veces a su compañero D. Enrique García de Ancos elevándose a doscientas el número de visitas que diariamente ha tenido que hacer no arredrándole el estado de debilidad en que estaba constituido a causa de una indisposición anterior: que  ha prestado a las autoridades locales activa y eficaz cooperación durante los estragos de la epidemia para organizar y ejecutar el servicio de inspección y vigilancia de transeúntes y viajeros instalación y dirección de salas de fumigación y desinfección y servicios de hospital de coléricos y saneamiento del cementerio; y como extremos importantísimo, que el resultado práctico de sus servicios es tan satisfactorio que, según los datos que obran en esta Secretaría, la mortalidad en los enfermos a quienes ha asistido no excede del diez y ocho por ciento. Danto por terminada esta acta que firman los expresados Señores de que yo el Secretario certifico. =

Antes de continuar, comparto en pdf las páginas originales de estas dos últimas actas, del 21 y 23 de septiembre de 1885, por adjuntar el documento gráfico, el cual podéis descargar desde este enlace de Google Drive. Estamos hablando de un apartado importante de la historia de Tembleque:

Para finalizar con la información obtenida de las sesiones plenarias, quisiera añadir un extracto de la carta escrita por el otro médico titular de Tembleque durante el cólera, Don Enrique García de Ancos, y al que dedicaré otro reportaje más en profundidad, porque realmente lo merece.
 Es una carta escrita en 1918, más de 30 años después de la epidemia del cólera, y como vais a comprobar, el recuerdo estaba aún muy presente en este médico, tal y como quedó reflejado en sus palabras: 

...no hubo época para ese pueblo (Tembleque), en muchos años más luctuosa, que aquel verano de 1885 de triste recuerdo, en el que todos los vecinos rivalizaron en abnegación y espíritu de sacrificio por servir y atender al procomún, poniendo a mi disposición a todas horas como único médico de los titulares que se conservó indemne de la epidemia, cuantos medios estuvieron a su alcance para socorrer pronta y eficazmente a la población invadida que perdió, asistida por el que suscribe, más de 150 habitantes en el espacio de poco más de un mes, sembrando el pánico esta mortandad entre todos los vecinos.
 En aquellos días los que no huyeron de Tembleque, que los hubo que volvieron la espalda al peligro, olvidando así todos los deberes de ciudadanía, confraternizaron más estrechamente, afrontándolos, y esos vecinos decididos, que permanecieron unidos y lucharon firmes, crearon sin darse cuenta esos lazos, en los que tuve gran parte, de más íntima e inolvidable amistad, que en un principio no se estiman bastante tal vez porque no se perciben ni sienten con claridad sus manifestaciones hasta que para el tiempo y algún acontecimiento nuevo o especial los renueva, reviviendo entonces más potentes como reviven los recuerdos de las campañas contadas entre antiguos camaradas al conmemorar tristes o felices aniversarios, o en los alegres momentos del banquete iniciado para festejar fechas memorables, apretándose entonces más y más entre los comensales aquel vínculo de perdurable cariño.

D. Enrique García de Ancos. Médico de Tembleque en 1885. Carta fechada en abril de 1918.

Para finalizar este reportaje, nos centramos en las actas de defunciones del año 1885.
Desde luego, no hay ninguna duda de que el mes fatídico y terrorífico fue el de agosto. 
Tembleque, en aquella época, tenía aproximadamente 3500 vecinos censados.
Durante todo el año 1885, hubo en Tembleque un total de 261 defunciones en general (de todas las causas), y de ellas, sólo en el mes de agosto se contabilizaron un total de 134.
El resto de meses del año 1885, se desglosa con los siguientes datos de defunciones (sin entrar aún en los datos específicos de muertes por cólera):

Enero: 9
Febrero: 12
Marzo: 10
Abril: 9
Mayo: 3
Junio: 6
Julio: 16 (de los que 10 fallecidos, están concentrados en los tres últimos días del mes)
Agosto: 134 
Septiembre: 23
Octubre: 13
Noviembre: 5
Diciembre: 19

Con esta estadística general, queda más que claro que el cólera hizo estragos especialmente desde finales de julio, absolutamente todo el mes de agosto, en el cual todos los días morían una media de entre 5 ó 7 vecinos, y también, aunque ya en menor medida, durante septiembre.