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jueves, 24 de septiembre de 2026

Una historia del siglo XVIII. José Saiz, alojero de Tembleque en el verano de 1776. Por José García Cano.

Nuevo trabajo histórico de nuestros buen amigo consaburense y mejor historiador, José García Cano, extraído del archivo antiguo del Ayuntamiento de Tembleque.
En este caso, ha rescatado del olvido un curioso documento donde se habla de José Saiz, un cántabro que fue alojero de Tembleque durante el verano de 1776.
Gracias a ese documento, José García Cano ha podido editar un formidable artículo que comparte con todos los vecinos de Tembleque y seguidores de este blog, donde nos transporta al pasado, y nos hacemos una idea muy precisa de cómo podía ser su trabajo en Tembleque, instalado en el verano de 1776 en la misma Plaza Mayor, junto al arco principal, vendiendo esa bebida refrescante a base de agua, miel, limón y especias, además de hielo, en unos tiempos donde no existía la electricidad, y los transportes eran muchísimo más lentos que en la actualidad, pues básicamente eran con carros tirados por mulas o por caballos, sin carreteras.
En definitiva, os invito a leer su trabajo, muy ameno y explicativo, para añadir esta nueva historia de nuestro pueblo casi perdida a la hemeroteca del blog
A continuación compartimos en pdf el trabajo de José García Cano, desde su página de Google Drive. Dejo igualmente copia en los archivos de Google Drive de este blog, con permiso de su autor.
Transcribo a continuación de manera literal el contenido del pdf anterior, por facilitar su lectura también a través de este post:

JOSÉ SAIZ, ALOJERO DE TEMBLEQUE EN EL VERANO DE 1776 
 
   Entre los muchos documentos curiosos que custodia el Archivo Municipal de Tembleque, se conserva un interesante documento en el que se hace referencia al alojero(1) , persona que abastecía de aloja, agua de limón y de hielo a los vecinos de Tembleque en la temporada veraniega. En este caso se trata de José Saiz Pardo, natural de Cantabria y quien llegó hasta tierras toledanas desempeñando este oficio ya desaparecido. 

   La figura del alojero fue habitual en nuestros pueblos y ciudades y su estancia solía ser temporal, sobre todo en las poblaciones más pequeñas, comprendiendo sobre todo los meses de verano, periodo en el que vendía diversas bebidas, algunos dulces, etc. Los alojeros podían tener un puesto fijo, que podía ofrecerles el ayuntamiento de la localidad -como fue el caso de Tembleque-, o puestos ambulantes, como sucedía en ciudades más grandes donde el alojero ofrecía sus bebidas y dulces en los teatros o corrales de comedias. Otros de los productos que el alojero vendía y ofrecía a los vecinos eran la nieve y el hielo(2) . Puede resultar curioso como el comercio y venta de nieve, fue muy habitual hasta que llegaron las máquinas industriales décadas después. Hoy es muy fácil encontrar cualquier tipo de bebida fresca tanto en nuestras neveras, como en los establecimientos hosteleros de nuestra geografía, pero si echamos la vista atrás, hasta no hace muchos años, ni había tanta variedad de refrescos, ni se podían comprar tan fríos como lo hacemos hoy. 

   En Tembleque sabemos que la alojería estuvo situada en la misma Plaza Mayor, símbolo no solo de la localidad sino de toda la provincia de Toledo. Ya comentamos en su día(3) que la alojería se situó a la izquierda del acceso sur de la plaza, es decir junto abacería municipal. Tenemos constancia de la presencia de un alojero que ejerció en Tembleque a finales del siglo XIX llamado Juan de Villegas, natural de la localidad de Las Presillas (Burgos), el cual en cada temporada veraniega llegaba para vender su aloja, el agua limón, el turrón de piñón, los barquillos, etc.
Bodegón con dulces y recipientes de cristal, 1622. Juan van der Hamen y León. ©Museo Nacional del Prado

   En esta ocasión, gracias al documento citado(4) , conocemos de la existencia de otro alojero más en Tembleque que ejerció esta profesión a finales del siglo XVIII, llamado José Saiz Pardo. Sobre este alojero sabemos que obtuvo el título de maestro en su oficio, ya que realizó una serie de pruebas en la ciudad de Valladolid en 1784(5) , es decir ocho años después de su estancia en Tembleque. El título que consiguió José Saiz fue el de maestro alojero y botiller y extraemos a continuación una parte del documento que se conserva del examen que pasó para obtenerlo:

 [Examinado José Sainz Pardo por Manuel Santiago González de Ceballos, único veedor y examinador del gremio de alojeros y botilleres en esta ciudad] […] ofreció hacer el examen de dicho don Joseph según las ordenanzas con que se rige, y gobierna el gremio de alojeros y botilleres de esta enunciada ciudad y en efecto a mi presencia y con arreglo a ella el dicho Manuel Santiago se hicieron a dicho don Joseph varias preguntas y repreguntas, a todas las cuales según aquel me insinuó, respondió bien y concertadamente y además hizo que dicho don Joseph ejecutase varias preparaciones tocantes al referido oficio de modo y forma que se hacen para las bebidas heladas, como también la preparación de barquillos y suplicaciones, todo lo cual preparó, y ejecutó según corresponde como así lo expresó el insinuado examinador, y que el citado don Joseph puede usar el oficio de alojero y botiller en esta ciudad, y demás ciudades, villas y demás ciudades de los reinos y señoríos de S. M., tener tienda pública y oficiales y aprendices sin incurrir por ello en pena alguna, por hallarse hábil y capaz […] darle su título y carta de examen en forma: Este declaró por el dicho juramento en que se afirmó y ratificó y lo firmó, expresó ser de edad de cuarenta y un años poco más o menos […](6) 
Firma del alojero José Saiz Pardo, localizada en el examen que se le realizó en Valladolid para ser maestro alojero y botiller en 1786. (Tesis doctoral: “Las lecturas y los libros en Valladolid (siglo XVIII, de Covadonga Matos Eguiluz).

   Desgraciadamente entre los siglos XVIII y XIX el oficio de alojero fue desapareciendo y aquella bebida tan famosa como fue la aloja, que mezclaba agua, miel y especias aromáticas en diferentes proporciones y que era refrescada con hielo, empezó a perder popularidad y descendió su consumo. También fue muy habitual que nuestros antepasados consumiesen la aloja acompañada de algún dulce, como los citados barquillos, obleas o suplicaciones(7) . 
Plaza Mayor de Tembleque. La parte señalada (en el centro, la puerta de madera) es donde se ubicaba en el s. XVIII tanto la abacería como la alojería en tiempo de verano. Se trataba de una finca municipal y tras ella, la carnicería  pública que también tenía puerta hacia la plaza de la Orden.

   En la propia ciudad de Madrid, el consumo de aloja está constatado hasta el siglo XIX, ya que en 1830 aún quedaban cuatro establecimientos donde servían aloja, dos en la calle de Toledo, uno más en la calle Montera y otro en la Puerta del Sol(8) . Fue también en la capital madrileña donde se publicaron las Ordenanzas del gremio de alojeros de Madrid, las cuales se conservan junto a un reglamento de este oficio aprobado en 1687 y donde se relacionan más de ochenta alojerías a finales del siglo XVII (9).
Ubicación sobre plano de los principales espacios públicos de la villa de Tembleque a mediados del s. XVIII, entre los que destacamos el ayuntamiento, la cárcel, los mesones municipales, la tienda abacería, el cuarto del repeso, el matadero y la alojería situada en la fachada sur de la plaza.
 
 Copiamos a continuación el documento completo que hace referencia a José Saiz Pardo y en el que el Ayuntamiento de Tembleque le quiere agradecer los desvelos realizados para llevar la nieve a la localidad, ya que, con ella, no solo se podían refrescar las bebidas, sino que era un importante paliativo de las fiebres y otros males para los enfermos, siendo como es lógico, un bien muy preciado por lo complicado de obtener y de conservar. En algunos de los pueblos del señorío de San Juan, fue habitual la existencia de pozos de nieve, como por ejemplo en Consuegra, donde hubo dos(10) pozos que abastecían a la capital del priorato y a algunos otros pueblos de alrededor(11) .

 Queda patente en el escrito lo dificultoso que fue para el alojero llevar la nieve a Tembleque, la cual tuvo que traer “de 12 y 14 leguas”, es decir entre 60 y 70 km aproximadamente. Por ello se firmó un decreto municipal en el cual se informaba que como atención al desvelo demostrado por Saiz Pardo hacia la población temblequeña, se le concedería preferencia en los sucesivos años para desempeñar su trabajo en las temporadas de verano. Desgraciadamente no sabemos cuántos años más volvió Saiz a Tembleque a seguir vendiendo su aloja, su agua limón y sus barquillos, para refrescar a los vecinos y vecinas, pero como recuerdo a él y a los que durante tantos años se refrescaban en verano en la alojería, reproducimos el decreto citado: 

Decreto:
 En la villa de Tembleque a 27 de julio de 1776, los señores justicia, y regimiento de ella que abajo firmarán, estando juntos en su ayuntamiento como lo acostumbran, dijeron que en este presente año ha sido escaso el acopio de nieve en todos los pueblos de esta comarca habiendo muchos enfermos, que carecían de este socorro para alivio de sus fiebres y enfermedades, y por cuando José Saiz Pardo, natural del lugar de Puentevieso(12), valle de Toranco(13) , obispado de Santander, ha venido como otros años en la temporada de verano a hacer y vender agua de limón y otras bebidas en el puesto público, para los vecinos y transeúntes; se le encargó por este ayuntamiento surtiese el puesto de nieve para dichos enfermos, lo que ha habilitado conduciéndola de 12 y 14 leguas de distancia, a expensas de las mayores fatigas y menoscabo de su caudal, por la larga distancia a este pueblo y mermas que ha tenido en la conducción del género, sin que por ello se le haya considerado ayuda de costa, ni (sic) alguna por falta de proporciones de esta dicha villa. 
Y siendo acreedor a que se le tenga presente su mérito, para en lo sucesivo, debían mandar y mandaron que en el año próximo venidero (1777) y sucesivos, se le atienda y prefiera al citado José Saiz Pardo en que haga en esta dicha villa las citadas bebidas, barquillos, venta de nieve y demás que es de práctica, a otro cualquiera llamado alojero, que venga a esta villa y solicite la venta de ello por cuanto bajo de esta preferencia, ha sufrido dicho Pardo, los descalabros que le ha originado la habilitación de nieve en este presente año, debiendo estar en los siguientes en esta dicha villa, para el día de San Isidro, ocho días más o menos y para la debida, inteligencia mandaron ponerlo por decreto para que siempre conste y se le cumpla esta contrata y si para su resguardo pidiese testimonio de él, désele el infrascripto escribano, y lo firmaron sus mercedes de que doy fe.

 Don Francisco Eugenio de Jaén López Pintado, Manuel Antonio Fernández Mazarambroz. Don Manuel de Torres. José Lorenzo Toribio. Bernardo García Garcisánchez. 

Ante mí Diego Rodríguez Palacios. 


 1 El alojero era aquel que vendía o hacía aloja, una bebida muy antigua que se preparaba con agua, miel y especias. 
2 Para profundizar en el comercio de la nieve y del hielo en Toledo y en los Sitios Reales, son de obligada consulta los trabajos de Pilar Corella Suárez: El abastecimiento de nieve y hielo en Toledo durante los siglos XVII y XVIII. “Actas del primer Congreso de Historia de Castilla-La Mancha”. Ciudad Real, 1985. Una actividad económica extinguida en los Sitios Reales: el comercio de la nieve y del hielo durante el siglo XVIII. Actas del congreso: “El Arte en las Cortes Europeas durante el siglo XVIII”. Madrid, Comunidad Autónoma, 1987. La renta de la nieve y del hielo en Toledo. “Anales toledanos”, núm. 25, 1988. 
3 Conferencia que ofrecimos en Tembleque el 2 de agosto de 2024, bajo el titulada La Plaza Mayor de Tembleque a través del tiempo. 
 4 Archivo Municipal de Tembleque (Toledo). Fondo antiguo, caja 2. 
5 Hemos localizado esta información sobre el alojero José Saiz, en la tesis doctoral de Covadonga Matos Eguiluz titulada “Las lecturas y los libros en Valladolid (siglo XVIII)”, en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid (2012). 
 6 A. H. P. de Valladolid. Protocolos. Leg. 4077, Ramón de Santillana. Examen de José Saiz Pardo para la obtención del título de maestro alojero y botiller, 17 de marzo de 1784.
7 La apicultura en la provincia de Guadalajara: del Antiguo Régimen a la modernidad. Tesis Doctoral de Anna Maria García Codina (2017). Universidad Rovira y Virgili.
8 Diario “La Libertad”, año XVI, nº 4562, 1934-11-14. 
9 Archivo Histórico Nacional, Consejos, L.5111: Ordenanzas del Gremio de Alojeros de Madrid. 1699.
10 Uno situado en pleno casco histórico, en la actual calle del Pozo de la Nieve con esquina a Manuel Figueroa y el otro dirección sur, a la salida de Consuegra en camino de Almadén.
11 Corella Suárez, P.: El pozo de nieve de Consuegra, propiedad del Gran Prior, durante los siglos XVIII y XIX. “Anales Toledanos”, nº 28, 1991.
12 Debe referirse a Puente Viesgo, municipio cántabro de menos de 3.000 habitantes situado a 35 km de Santander. 
13 El nombre exacto es el valle de Toranzo, en el centro de Cantabria, importante por su belleza natural, así como por las cuevas y yacimientos arqueológico que hay en él.